domingo, 20 de abril de 2014

El santito de mi tierra


Cuentan que una tarde de primavera del año 1977, una madre lloraba desconsoladamente  mientras limpiaba la tumba de su hija en el cementerio viejo de Algeciras.
 

Conozco tan bien el lugar  que puedo imaginar la escena fácilmente. Mis padres y otros familiares están enterrados allí y tuve ocasión de visitarlo mucho durante mi infancia. El mar está muy cerca. El aire esparce su olor salado por entre los pasillos del recinto, como si quisiera acariciar cada lápida. Hay varios grifos donde la gente llena sus cubos de agua para la limpieza y unas escaleras de madera que hay que utilizar por turnos. El aroma de las distintas especies de flores es una mezcla dulzona que hace que encoja la nariz. Las piedras tienen nombres y fechas que me llaman la atención. Escucho suspiros de pena y  llantos ahogados mientras señoras vestidas de negro se tapan la cara con un pañuelo.

 

Puede que esta madre que mencioné al principio estuviese así, encogida de pena mientras un hombre joven se le acercaba para consolarla. Le dijo que no se dejara llevar por la desesperación, que su hija estaba en un mundo mejor y que no le gustaría saber que su madre vivía en la tristeza más profunda. Durante un buen rato ella lo escuchó, aunque imagino que sus palabras ya se las sabría de memoria porque es lo que todos decimos cuando intentamos consolar a alguien. Sin embargo, ella admitió después que se sintió confortada por él.

-          ¿Podría usted limpiar también esa tumba de ahí?- le señaló el hombre cuando ya se iba- Es de alguien que conocí, muy buena persona, y está muy abandonada.

La mujer dijo que lo haría y lo vio marchar. Algo más tarde se acercó a la otra lápida, que realmente estaba en un estado lamentable, llena de polvo y malas hierbas. Ella se dedicó a arrancar los matojos y a medida que limpiaba, apareció un marco ovalado con la foto de un hombre joven. Para su horror se dio cuenta de que era el mismo que acababa de hablar con ella. La pobre comenzó a gritar hasta que se desmayó. Dicen que uno de los sepultureros acudió en su ayuda corriendo e intentó reanimarla. Ella lo hizo, pero no dejaba de señalar la tumba aquella para decir que “ese hombre le había hablado”. Viéndola en tal estado nervioso, el sepulturero llamó a una ambulancia y se la llevaron al hospital.

 

Desde aquel día la historia dio mucho qué hablar. La gente comenzó a visitar el lugar y a llevar flores al muerto desconocido, dejando impoluta su lápida. Algunos dejaban mensajes de cariño. Otros le pedían favores. Aquella tumba se convirtió en un lugar de peregrinación donde acudían gentes de toda la comarca. Se dijo que había hecho un milagro, después otro. Varias personas aseguraron haberlo visto de nuevo. Y así, viendo que se había convertido en una especia de leyenda, la Iglesia solicitó a Cádiz la exhumación del cadáver, sobre todo para demostrar a la gente que aquello no tenía nada de sobrenatural. Sin embargo, cuando se extrajo el cuerpo todos contemplaron sorprendidos que estaba incorrupto. El fervor popular continuó hasta nuestros días.

 

Cientos de personas pueden contar los favores que este “santito” tan especial les ha concedido. Su tumba está siempre repleta de adornos florales, medallas, fotografías y mensajes de gracias.





¿Pero quién era este hombre? En la lápida hay un nombre: Antonio Mena Vicario. Algunos han investigado su persona, pero no hay muchos datos que puedan aclarar quien fue realmente. Si se sabe que nació en Ceuta y que era legionario. Tenía veintiún años cuando murió, el 1 de Febrero de 1942 en Algeciras. Según algunos murió en una cárcel como preso político. Otros dicen que encontró la muerte en una pelea en plena calle. Lo que es seguro es que lo llevaron al Hospital de la Caridad en estado muy grave y que de allí fue al cementerio, dándole cristiana sepultura. Al cementerio viejo, el único que existía por entonces. Y como ya sabemos, su tumba estuvo muchos años sin ser visitada por nadie, totalmente desatendida, sin flor alguna siquiera en Los Tosantos, día especialmente señalado para tales menesteres.


Antoñito, como le llaman en Algeciras cariñosamente, se ha convertido en un icono de mi ciudad. Su historia tiene cientos de entradas en internet y ha sido protagonista de varios programas de televisión y radio. Alguna vez se han hecho estudios de psicofonía pero en cuanto a los resultados hay versiones de todo tipo.

Otra cosa que argumentan sus incondicionales es que la fotografía de la tumba no parece dañada por el sol, a pesar de que este le ha dado directamente durante tantos años.

¿Santo o victima de la histeria? Qué más da, no le hace daño a nadie, todo lo contrario.

 

domingo, 6 de abril de 2014

Disculpas


 
Escribiendo, escribiendo, escribiendo….
No hago otra cosa últimamente. Estoy creativa total. Perdonad si no actualizo demasiado.