Aunque suelo leer literatura muy variada, confieso
que me salen chiribitas de los ojos cuando me toca en suerte una novela gótica.
Claro que de estas hay algunas tan malas que no merece la pena perder el tiempo
con ellas, pero cuando es buena mi atención es toda suya, hasta el punto de que
no puedo dejar de leer. Luego me da coraje terminarla en dos días, pero como es
superior a mis fuerzas lo único que puedo hacer es esperar que pronto caiga
otra de calidad en mis manos.
Para los que no están muy familiarizados con la
novela gótica, explicaré un poquito de que va. Se supone que para que se la
pueda llamar así tiene que contener varios requisitos:
1- El
argumento debe desarrollarse en un escenario arquitectónico que pese en la
historia. Normalmente, aquí entran castillos medievales, casas de campo,
conventos, iglesias antiguas, en definitiva edificios que revisten cierto aire
de misterio ante nuestra imaginación.
2- Profecías,
maldiciones, secretos familiares…, esto hace que la trama prepare la
personalidad de los protagonistas, lo que nos lleva a lo siguiente.
3- Los
personajes suelen tener sentimientos extremos, tales como el pánico, la
ansiedad, los celos, el orgullo, la debilidad y otros muchos que aquí se
multiplican hasta hacerlos atormentados y complicados.
4- Situaciones
sobrenaturales que suelen estar relacionadas con el punto 2.
5- Falacia
patética. ¿Qué es esto? Yo no lo sabía hasta que he estado indagando, pero una
vez que encuentras el significado, si has leído alguna novela gótica, ya sabes
a que se refiere. La falacia patética es cuando el autor describe la naturaleza
de manera que parece un personaje más, dotándolo de sentimientos e incluso
de pensamientos humanos. Lo podemos ver, por ejemplo, en la climatología, siempre
presente en este tipo de novelas, donde según llueva, salgan nubes, haya viento
o sol, el misterio o suspense tiende a acrecentarse.
Sin duda faltarán otros muchos puntos ya que cada
autor tiene también sus características especiales, pero creo que con estos
cinco puedes escribir una novela gótica si te apetece, claro.
Mis novelas preferidas en este género son Cumbres
borrascosas, de Emily Brontë y Otra vuelta de tuerca, de Henry James. Pero
también me han gustado otras, como la última que he leído de un escritor
australiano llamado John Harwood: La dama del velo.
Gerard es un chico australiano que un día se da
cuenta de que su madre guarda algunos secretos. Es de Inglaterra, pero no le
gusta hablar sobre su pasado por mucho que él le pregunte. Registrando a solas
la habitación de ella descubre una serie de relatos sobrenaturales escondidos,
algo que hace que su curiosidad se dispare. Para colmo, Gerald se enamora de
una chica inglesa con la que se cartea desde la infancia pero que nunca ha
visto. Estos dos hechos se vuelven los más importantes de su vida, hasta que al
hacerse mayor de edad decide viajar a Inglaterra para poder solventar ambos
misterios. Es en la vieja mansión que perteneció a la familia donde al fin
encontrará todas las respuestas, aunque tal vez hubiera sido mejor dejar dormir
al pasado y a los muertos.
Ruidos en la noche, muebles que parecen contar
extraños episodios, amores imposibles, personajes inquietos, crímenes sin
resolver…, todo esto descubrimos en esta novela que no te deja descansar hasta
el último momento. Porque aunque resulta predecible en muchos aspectos, al fin
lo que cuenta es acompañar al protagonista en su viaje por una historia bien
contada.
Creo que el escritor australiano ha hecho un buen
trabajo en esta su primera novela. La publicó en 2004. Luego, en 2008, le siguió El
misterio de Wraxford Hall, otra novela del mismo género que merece la pena
leer.


















































