lunes, 13 de octubre de 2014

Cambios


El otoño nos trae instantáneas como estas:
 
 

 


También momentos de relax.



 

¿Se nota que me encanta esta estación?

 

lunes, 22 de septiembre de 2014

El secreto de Gaudlin Hall


John Boyne se adentra en el mundo de la literatura gótica para contarnos la historia de Eliza, una maestra de en la Inglaterra del siglo XIX, años de Dickens y de sus episodios por entregas que acabarían convirtiéndose en obras maestras. Eliza y su padre viven armoniosamente en Londres; él es entomólogo del Museo Británico y ella da clases a niñas pequeñas en un colegio. Todo comienza cuando el padre muere y Eliza se da cuenta de que las cosas no van a serle fáciles a partir de ese momento. Leyendo el periódico, le atrae poderosamente la atención un anuncio que busca a una institutriz para unos niños en el campo. Dispuesta a mejorar su actual vida, contesta al anuncio y no tarda en ser aceptada en una misiva que la cita días más tarde. A pesar de que no sabe exactamente quienes con sus patronos ni cuántos niños habrá de cuidar, no se lo piensa dos veces y parte en tren hasta su nuevo destino. Tras algún extraño incidente, llega a la mansión para descubrir a Eustace e Isabella, dos niños que al parecer viven solos sin la supervisión de un adulto. Pero no todo es lo que parece. Tendrán que transcurrir unos días para que Eliza conozca lo que ocurre en la casa y a quienes en realidad habitan en ella.

Todos los seguidores o lectores de este escritor irlandés -que se hizo famoso en todo el mundo con El niño con el pijama de rayas-, saben que no se mueve en un estilo determinado, sino que gusta de tocar varias teclas para crear novelas de todo tipo. A veces los resultados son buenos, otras en cambio no tanto. En mi opinión, con El secreto de Gaudlin Hall ha sabido recrear todos los tópicos que necesita una novela gótica que se precie, incluida la narración en primera persona, asfixiante y misteriosa, que acompaña cada página.
 
 

He disfrutado mucho con el libro, que no podía dejar de leer un instante. Y es que como yo me meta en una mansión misteriosa del siglo XIX ya no salgo a no ser que me echen.

 

 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Libros, libros y más libros


Aunque seguimos con calor -en algunos sitios más que otros- ya se va notando la próxima llegada del otoño, sobre todo porque los días son más cortos y porque se pueden ver algunas hojas que caen de los árboles. Mientras vuelvo a la rutina de la época, intento dejar atrás los largos meses de verano, que para mí han sido muy intensos. He tenido el blog abandonado a mi pesar así que lo retomo ahora mismo hablando de algunos libros que me han acompañado estas vacaciones.

Empiezo por un escritor alemán, Sebastián Haffner. Me llamó la atención una reseña donde se hablaba de él en un periódico. Al parecer su libro, el único que escribió, ha sido publicado sesenta años después de su muerte, en 1999, convirtiéndose en una lectura imprescindible para conocer la historia de Alemania en el siglo XX. A modo de biografía, Sebastián nos habla del día a día de la dictadura nazi, lo que llevó a la gente a confiar en un partido tan devastador y cómo otros tuvieron que largarse o aguantar el chaparrón como pudieron. Es un tema trillado del que se ha hablado ya mucho, pero siempre merece la pena leer Historia de un alemán porque es una maravilla histórica. Resulta curioso observar cómo este abogado de clase media alta –no era judío ni comunista, ni perteneciente a ningún grupo de riesgo- consiguió tener una visión tan realista de lo que estaba pasando; al contrario que sus compatriotas él no se dejo llevar por la histeria de la ideología y adivinó el desastre que Hitler y sus secuaces llevarían a su pueblo. Acusa al resto de alemanes de ser unos estúpidos que han olvidado que durante muchos años han estado representando la cultura occidental y se avergüenza de ellos. Llega a decir que cuando un alemán se hace nacionalista deja de ser alemán. Lo recomiendo a quien, como yo, disfruta con la historia.
 
 

El último refugio es una novela típica de su escritora, Tracy Chevalier. Estamos en 1850 y dos hermanas cuáqueras inglesas viajan hasta América, donde una de ellas va a casarse con uno de los suyos. El viaje se hace largo y pesado y Grace, la hermana casadera, cae enferma y muere al llegar a destino. Sarah se queda sola. Al principio, mientras espera que el novio de Grace vaya a rescatarla para llevarla a la comunidad, pasa unos días con una mujer muy especial, una sombrerera que en secreto ayuda a ocultar a negros esclavos que escapan del Sur. Lo que vive allí, unido a los preceptos de su religión, le hace comprender que puede dedicarse a algo más que a vegetar en una tierra que le resulta muy extraña.


He tenido en mis manos La reina de la remolacha de Louise Erdrich, durante algunos meses sin decidirme a leerla. Nadie me había hablado de ella y no estaba segura de que fuera a gustarme. Al fin, me puse a ello y no me arrepentí. Terminé en unos cuantos días pues me resultó muy amena tanto en los personajes como en su argumento. La historia comienza cuando la madre de Mary Adare huye una noche dejándola sola con sus dos hermanos pequeños. Estamos en plenos años 20, en una América profunda que lucha contra la depresión. Tan solo pasan varios minutos desde que están solos cuando alguien les quita el bebé por lo que Mary y su hermano Karl, totalmente asustados y perdidos en un mundo desconocido, deciden ir en busca del amparo de una tía. El camino no es fácil y encima terminan cada uno por un lado. Solo Mary llegará a casa de sus parientes, pero no será tan idílico como ella esperaba.  Los años pasan y los protagonistas siguen con sus vidas, pero ninguno olvida aquella triste noche que los ha dejado marcados para siempre. No cuento más…


 

En internet definen Bajo una estrella cruel. Una vida en Praga (1941-1968) de  Heda Margolius Kovály como una crítica a cualquier totalitarismo. Es la biografía de la escritora, una hija de judíos acomodados cuya familia se vio inmersa en los horrores de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Heda consiguió escapar en uno de los traslados y permaneció escondida en Praga hasta el fin de la contienda. Solo entonces pudo reunirse con su marido, Rudolf Margolius, que también había sobrevivido y esperaba participar en el nuevo gobierno de Checoslovaquia. Llegó a ser ministro de exteriores, pero una purga estalinista lo llevó a la cárcel, donde terminó muriendo poco después. Heda y su hijo se vieron confinados a una vida lamentable donde todo el mundo la creía sospechosa y enemiga del régimen.    




El alumno de Patrick Redmond nos cuenta la historia de un colegio interno de los años cincuenta en Inglaterra. Jonathan es un chico tímido, de clase humilde. No cree encajar en aquel recinto elitista donde los otros alumnos se sienten felices y seguros. No tiene muchos amigos, solo unos cuantos que son iguales que él, una especie de apestados para los demás. Pero Jonathan va a conocer a Richard y todo eso va a cambiar. Porque Richard es muy inteligente y además frío y calculador, va a su aire y no parece que le guste nadie. Trata a todo el mundo con desdén, incluido al profesorado, del cual se burla con indiferencia. Cuando Richard lo rescata de unos abusones, Jonathan se siente entusiasmado por haber captado la atención de semejante personaje. Sin embargo, con el tiempo se da cuenta de que detrás de Richard hay algo extraño y malévolo que a la larga va a perjudicarle. Suspense hasta el final.


 

Hace muchos años que descubrí a la escritora Nancy Mitford. Me encantan sus libros, que son mordaces y críticos con la alta sociedad inglesa, a la que ella misma pertenecía. La vida de Nancy y su familia es ya una novela en sí misma. El padre, Lord Redesdale, era el típico aristócrata inglés acomodado que vivía pletóricamente en el campo. Rodeado de sus perros de caza y sus caballos, era amante además de la derecha política y criticaba cualquier cosa que no fuera inglesa. Su mujer parió un hijo y seis hijas, lo cual no impidió estar siempre preparada para cualquier eventualidad que su posición requiriera, como nobles meriendas o invitaciones a lujosas casas campestres. Fueron un matrimonio de lo más convencional hasta que sus hijas fueron imponiendo un toque de originalidad a sus vidas. El caso es que la mayoría de ellas acabaron siendo muy extravagantes para la época. Nancy se hizo escritora y se dedicó a describir a todos ellos, incluidos sus padres, en cada desternillante novela que publicaba. Su hermana Diana, casada con el heredero de Guinnes, se divorció de éste para unirse en pecado a Sir Oswald Mosley, el famoso fascista británico que pretendía adentrar el nazismo en la isla y que acabó siendo encarcelado. Unity se hizo nazi y vivió en Berlín, donde conoció a Hitler y su camarilla, enamorándose de todos ellos. Cuando Inglaterra declaró la guerra a Alemania, intentó suicidarse incapaz de soportar que sus queridas patrias se enzarzaran en conflicto. La devolvieron a sus padres y estuvo incapacitada hasta que murió años después. Jessica se afilió al partido comunista y huyo con un sobrino de Churchill a España, donde pretendieron luchar contra los fascistas de Franco. Es ella la que narra la novela Nobles y rebeldes, una biografía de su vida y la de su familia haciendo gala de un humor y sinceridad extraordinarios. Después de leerla, he entendido muchos gags que Nancy empleaba en sus novelas y que sin duda copió de la realidad de sus hermanas. Una historia muy, muy interesante.


 

He leído algunos más pero lo dejo para otra entrada. Espero que hayáis pasado un buen verano.

 

domingo, 24 de agosto de 2014

Tribulaciones de una española en España


Después de una semana pintando mi casa cual pintora de brocha gorda profesional – aquí algún miembro de mi familia tendría algo qué decir, jajaja…,- decidí irme a Algeciras el reciente día veintidós para asistir a una cena de antiguos alumnos de mi colegio de la infancia. Durante muchos meses se estuvo hablando de esta cena, de la que ya hablaré en una entrada próxima, pero parecía imposible coordinar a tanta gente, hasta que gracias al esfuerzo de algunas compis se consiguió poner una fecha concreta. Se invitó a la Srta. María Vasallo para homenajearla así que se me ocurrió escribirle unas letrillas que junto a mí, viajaron la misma tarde en tren hasta mi tierra.

Todo fue demasiado rápido: llegada, cena, emoción hasta las tantas, unas horillas de sueño y volver a coger el tren, donde esperaba dormir las tres horas que dura el viaje hasta Antequera. De hecho, es lo que hice nada más salir. En mi vagón solo íbamos tres o cuatro personas.

El viaje normalmente es precioso. El paisaje que recorre me encanta porque atravesamos la serranía de Ronda entre montañas y ríos, algo que no solemos ver en coche, donde las autovías han roto un poco esa plena naturaleza andaluza. Eso sí, hacemos muchas paradas, pero hasta eso tiene cierto encanto ya que los pueblecitos son entrañables. Entre cabezada y cabezada, me llamó la atención una parada que no estaba prevista: Setenil de las Bodegas. Por la ventana vi una estación abandonada, con un edificio antiguo y pequeño que parecía sacado de una película de los años cincuenta. Alrededor nada más que campo, ni una sola casa a muchos kilómetros, nadie a la vista. Parecía la estación fantasma de una novela de Stephen King.

Después de quince minutos donde no teníamos ni idea de que podríamos hacer allí, un revisor viene a decirnos que tenemos que bajarnos porque un autobús vendrá a llevarnos a destino. Ante nuestras preguntas, sus respuestas fueron vagas y apresuradas. Pasajeros de otros vagones comenzaron a acercarse intentando recabar información. Al fin nos enteramos de que otro tren se había quedado parado en un túnel, antes de llegar a Ronda, y el nuestro tenía que socorrer a los pasajeros. Obviamente todos nos bajamos solidarios. La mayoría de nosotros pensábamos que el autobús estaría en pocos minutos llevándonos a casa. Un imprevisto en el camino, pero nadie se quejó ni dijo nada. Eran las seis menos veinte de la tarde y en el exterior habría unos treinta y tantos grados.

Unos cincuenta pasajeros nos encontramos de repente en la estación fantasma frente a un empleado con cara de apuro. Nos dijo que no había agua potable y que el sitio más cercano para comprar algo estaba a diez kilómetros. Abrió la puerta del edificio, una vieja oficina de tamaño ridículo, sin muebles ni bancos donde sentarse. Un solo enchufe por si alguien necesitaba conectar el cargador del móvil. El baño al menos estaba limpio, claro, allí no entraba nadie desde hacía años. Todos nos mirábamos sin saber que decir aunque esperábamos que la espera  solo durara unos pocos minutos.

Decidimos acomodarnos mientras tanto. Algunos buscaron el frescor del edificio pero no cabíamos todos. Los más jóvenes fueron a sentarse en pleno campo; otros donde podían. Solo tres asientos fuera que ocuparon personas mayores, pero el calor era tan intenso que uno no podía estar a pleno sol mucho rato. Yo comencé a pasear, como muchos otros. Menos mal que llevaba un abanico.

Una hora más tarde comenzamos a agobiarnos. Algunos pasajeros tenían que llegar a Granada para coger otro tren a una hora determinada y hablaron con el empleado, que a estas alturas ya estaba de los nervios. Nos dijo que él había dicho claramente a sus compañeros que no podían dejarnos allí, que como tenían que dar marcha atrás nos llevaran de vuelta a Ronda, donde la estación dispone de todas las comodidades que puedan necesitar cincuenta personas en espera de un autobús que tardaba en llegar. Renfe, o Adif, decidió enviar un taxi para aquellos que tenían que coger otro tren. El resto tendríamos que seguir esperando porque, según dijo el empleado ya con ganas de llorar, todos los autobuses con los que contactaba estaban en la playa y no había ninguno disponible para recogernos. Le pedimos que dijera al taxista que nos trajera agua, por favor. A esas alturas la sed se estaba convirtiendo en un problema. El pobre hombre lo hizo enseguida, aunque mientras tanto nos buscó una garrafa – caliente, pero agua al fin y al cabo – y aquel que tenía botellitas vacías las llenó y compartió con todos.

Llegó el taxista con algo de agua fresca. Como a la criatura no se le ocurrió traer vasos, algunos bebieron a morro, otros de sus propias manos. A mí me dio un vaso de plástico alguien que llevaba unos cuantos y que repartió enseguida. Se fue el taxi con unos cuatro o cinco pasajeros y el resto seguimos esperando.

Calor, incomodidad, sed, agobio… A mi alrededor personas mayores, niños y un montón de gente desesperada. De nuevo aquello me parecía una película, esta vez surrealista. Como no había cobertura telefónica, nos movíamos intentando encontrar un sitio donde poder tranquilizar a nuestros familiares, que intuíamos preocupados. También había algunos extranjeros, a los que tratábamos de calmar en un inglés de andar por casa. No creían lo que les estaba pasando. Vaya imagen que les estábamos dando, nosotros, el país del AVE. “Vengan a visitarnos, señores y señoras extranjeros, somos un país moderno y capacitado.”

El autobús llegó a las ocho menos diez más o menos, cuando ya muchos de los nuestros llevaban un buen rato planteándose recogernos a pesar de que el camino hasta allí en coche es bastante complicado y largo. Lo comprobamos cuando nos pusimos al fin en camino entre curvas y montañas.

A las diez llegué por fin a la estación de Antequera, muerta de cansancio, hambre y sed. Aún tuve que esperar unos minutos para poner la reclamación que tenía en mente desde que me soltaron en aquel descampado solitario en medio de la nada. Mañana me devuelven el dinero del billete y cuando mis quejas lleguen adonde tengan que llegar – mejor reír que llorar – los atentos burócratas de Renfe, o Adif, estudiarán una indemnización o cerrarán carpeta y no se molestarán en darnos siquiera una disculpa.

¿Alguien quiere apostar algo?

 

jueves, 17 de julio de 2014

Frases que decimos sin pensar


Hablando de otra época estábamos cuando alguien dijo: Cualquier tiempo pasado fue mejor. Una frase bien trillada que todos utilizamos en la cotidianidad de nuestra vida.


¿Pero de donde viene? ¿Quién la usó por primera vez? Yo particularmente pienso que está con nosotros desde que el ser humano empezó a hablar, ya se sabe lo mucho que nos gusta recordar los viejos tiempos y cuanta nostalgia sentimos por ellos suspirando solo por los ratos buenos. Sin embargo, fue Jorge Manrique quien la inmortalizó en su obra Coplas a la muerte de su padre, donde nos dice:

Recuerde al alma dormida

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte

tan callando,

cuán presto se va el placer

cómo después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado fue mejor.
 
 

Maravilloso poeta que no solo nos ha dejado esa frase, sino también otras como Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir.

¡Eureka!, gritó Arquímedes cuando descubrió su famoso principio, aquel que dice que Todo cuerpo sumergido en un líquido desaloja un volumen de este igual al suyo y pierde de su peso una cantidad igual al peso del volumen del líquido desalojado. Imagino su alegría y comprendo que gritara ¡Lo encontré!, que es lo que en griego quiere decir la palabra Eureka. Dicen que estaba tan entusiasmado que salió desnudo a la calle a que lo felicitaran.


 

Y seguro que Arquímedes se enamoró alguna vez. Lo que no tengo claro es que dijera eso de Hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana ya que su autora, Rosemonde Gérard, no lo escribió hasta finales del siglo XIX. Por cierto, esta poetisa fue esposa de Edmond Rostand, quien escribió Cyrano de Bergerac.
 


Tal vez de vivir hoy, este escritor que nos dejó una obra conocida por todos y llevada al cine muchas veces, se daría muchos humos. ¿Y por qué decimos humos precisamente? Pues porque en la antigua Roma los aristócratas solían tener bustos tallados de sus antepasados, algo que los hacía distinguidos para el resto del pueblo. La polución y los humos hacían que estos bustos fueran ennegreciendo con el tiempo pero esto, en vez de estropearlos a los ojos de los demás, los hacía más valiosos, ya que significaba que el linaje de la familia era antiguo. Parecido a 8 apellidos vascos pero con esculturas en piedra.



¡Vete a la porra!, podrá pensar alguien que esté leyendo esto. La porra, aparte de ser hoy un plato tradicional antequerano y que recomiendo a todo el mundo, fue en su día un bastón que utilizaba el tambor de las orquestas militares. Cuando no se usaba, se dejaba a la puerta de las dependencias, cerca de la prisión. Así, si un soldado se portaba mal y había que castigarlo, el jefe al mando le decía Váyase cerca de la porra, lo que al final se resumió mandándolo directamente a la porra, que pronto dejaría de ser un bastón en nuestra mente para convertirse en una gran caca donde enviar a aquellas personas que nos fastidian.



Yo, por si acaso, prefiero usar el nombre solo para pedir una tapita en cualquier bar de Antequera, vaya a ser que armemos la Marimorena. María Morena, tabernera de Madrid, que tenía la bodega llena de vino y se negó a venderlos, vaya usted a saber por qué. Ocurrió en 1579 y el pleito fue tan anecdótico y lioso que terminó por hacerse famoso, al igual que el apellido, del que hoy hacemos uso con frecuencia cuando avistamos un follón. Hay quien prefiere Armar la de Dios es Cristo, que viene de un concilio ecuménico en Nicea en el año 325 D.C., donde los participantes terminaron discutiendo apasionadamente acerca de la doble naturaleza de Jesucristo.



Pero vamos, que también puedes elegir la opción San Quintín. Eso de Armarse la de San Quintín proviene del año 1557, concretamente el día 10 de agosto –día de San Lorenzo y popularmente el más caluroso del año- cuando los españoles aniquilaron a los franceses causando muchas bajas entre los dos bandos.

Espero que estéis teniendo un buen verano sin necesidad de armar nada.
 

 

domingo, 6 de julio de 2014

Pensamiento de domingo


Dicen que la curiosidad mató al gato, pero siempre he creído que la frase debió inventarla alguien que pasaba de hacerse preguntas, algo tan inherente en el ser humano. Gracias a personajes que no se contentaron con mirar a su alrededor, hemos conocido el mundo en que vivimos y se han ideado mejoras en calidad de vida. Desde aquel que se preguntó de que podría servirle una piedra en su caza diaria, pasando por los que miraban al horizonte imaginando lo que podrían encontrar si echaban a andar, hasta los científicos que se han puesto en riesgo de muerte por darnos a conocer nuevos elementos, todos y cada uno de ellos han sido curiosos a más no poder. A veces, cuando somos pequeños, nos pintan la curiosidad como algo negativo. “Niño, no preguntes tanto. Niño, eso no te importa. Niño, no mires tan descarado.” Tal vez habría que fomentar esa cualidad hoy en día para que los niños de ahora, la mayoría enfrascados horas y horas en maquinitas de todos los tamaños y colores, pudieran sentir la emoción del descubrimiento.

No sé, es algo que me ha dado por pensar.

lunes, 9 de junio de 2014

Premios

Chema, desde uno de mis blogs preferidos, me ha dejado este regalito que le agradezco de todo corazón.

Empezamos con unas preguntitas que hay que responder:

1) ¿Cómo definirías tu blog?
Uf, todavía no se me ha ocurrido definirlo de ninguna manera. Creo que una comienza pensando que será una cosa y luego resulta otra.
 
2) ¿Cuánto tiempo dedicas al blog a la semana?
Depende del tiempo que tenga. A veces hago una entrada o más por semana y otras tardo bastante en hacer alguna.

3) ¿Cuál es la entrada que más te gustó escribir?
No puedo elegir, creo que disfruto con todas.
 
4) ¿Y la que más te costó?
Aquellas en las que hablo de cosas personales.

5) ¿La que te gustaría escribir y aún no has hecho?
De muchas cosas que por cuestiones de tiempo aún no he podido hacer, pero las tengo en la cabeza y algún día saldrán, estoy segura.

6) ¿Quién te gustaría que te siguiera si no lo hace aún?
En general estoy contenta con la gente que me sigue.

7) Cada vez que escribes una entrada ¿piensas que desnudas un poco tu alma?
Sí, claro. Y no solo en cosas personales, porque cuando escribes algo siempre estás exponiendo lo que llevas dentro.
 
8) ¿Cuál es tu blog de referencia?
Muchos. Los que sigo son muy variados, desde cómicos, pasando por literários o cinéfilos, hasta de labrores, cocina, religiosos... De todos se saca algo.
 
9) ¿Te gustaría vivir sólo del blog?
Ah, ¿pero se puede? jajajajaja...
 
10) ¿Qué es lo que más te gusta de tu blog?
Los comentarios que me hacen , dentro del blog y fuera de él - en redes sociales o incluso por la calle. Me encanta que haya gente que se entretenga con lo que pongo.

11) ¿Y lo que debes mejorar?
Me gustaría tener más destreza en diseño para cambiar algunas cosillas, pero por ahora me declaro nula en eso, así que me conformo con lo que tengo ;)
 
12) ¿Cuál de tus entradas está basada en recuerdos más antiguos?
Quizás ésta, pero hay muchas otras.

Ahora se lo tengo que conceder a varias personas pero prefiero que cualquier bloguero que pase por aquí se considere premiado.