martes, 28 de agosto de 2012

Fotos antiguas


Mi hermana tiene un libro con láminas sobre la historia del puerto de Algeciras. Las fotos que contiene son tan curiosas y entrañables que las considero un tesoro. Podría pasar horas mirándolas. Es por ello que decidí fotografiar algunas con el fin de poder verlas a menudo. Cuando las contemplo la imaginación me hace preguntarme quienes serían aquellas personas que quedaron retratadas para la posteridad, qué hacían allí y hacia donde iban.

Esta en concreto parece sacada de una película. Los carruajes y las ropas de las personas nos hacen ver que estamos a principios de siglo XX.
 
 

Esta es la ciudad vista desde el puerto. Se la ve tan diferente a hoy que parece increíble que pueda ser la misma. Solo la torre de la Iglesia de La Palma, al fondo, y los montes de atrás siguen siendo los mismos.

 

El tren llegaba al mismo puerto. Muy elegantes las señoritas que esperan embarcar.
 
 

Aquí entramos ya en los años sesenta, se nota porque las ruedas han sustituido a los caballos y la ciudad ya tiene edificios bastante altos en el Paseo Marítimo.
 
 

Y esto, aunque ya no tan bonito si es significativo. Se trata de los primeros contenedores que llegaron a la ciudad, allá por los años setenta si no me equivoco,  convirtiendo al puerto, poco a poco,  en el más importante de España.
 
 

Fotos actuales del puerto de Algeciras. Como veis ha cambiado una chispita.

 
 
 

 

viernes, 24 de agosto de 2012

Feria de agosto


 
 
Antequera, como casi todos los pueblos de la provincia malagueña (incluida la capital) tiene feria en el mes de agosto. Tiene otra en Mayo, pero dura solo un fin de semana y no es tan popular como esta. El calor no afecta a los antequeranos y comarcanos que se dejan caer por ella, y aunque lleva años viéndose que la crisis la hace menos concurrida, sigue siendo una fecha esperada por muchos.

A mí, particularmente, el calor de la época me la hace un poco indiferente, pero eso sí, al menos un día me acerco al recinto ferial para disfrutar con los amigos y el buen tapeo que ofrecen sus casetas.
Feliz Feria a todos los antequeranos.

 

sábado, 18 de agosto de 2012

LA VIRGEN DE LA PALMA



En 1975 una sociedad de pesca deportiva en Algeciras llamada “El Mero” ideó confeccionar una imagen de la Virgen de La Palma, patrona de la ciudad, para iniciar una romería marítima muy especial. Al presidente de la federación Sr. Silva y al responsable de las actividades subacuáticas Sr. Navarro, se les ocurrió, nada más y nada menos, que sumergir la imagen unos metros bajo aguas de la bahía, concretamente en una cueva por ellos conocida, y dejarla allí hasta emergerla el 15 de agosto, día de su santo.

En una reunión en la sede de la sociedad (en enero del mismo año), con miembros destacados de la Algeciras de entonces, estos dos personajes terminaron por convencer a todos de que esta romería iba a calar de tal manera que terminaría por convertirse en una de las fiestas más importantes del Campo de Gibraltar. La imagen de la Virgen, hecha por el escultor Carlos Alfonso Ortega, medía 80 centímetros y pesaba 40 kilos. La bendijo el famoso Padre Cruceyra de la parroquia del Carmen. Varios submarinistas la llevaron a la cueva donde iba a permanecer hasta agosto. Cuando la rescataron cientos de algecireños la esperaban para adorarla en la playa del Rinconcillo.



Ese primer año y hasta 1978, la sacaron a la superficie y la embarcaron en un remolcador que la paseó por toda la playa. En 1979 se trasladó a la playa por primera vez, dejándola en un altar para que la gente pudiera visitarla. Para entonces ya eran miles los algecireños que iban a vivir la romería marítima.


En 1999, cuando los buzos fueron a buscarla se dieron cuenta de que la imagen había desaparecido misteriosamente. Ese año el altar solo tuvo un cuadro de la Virgen aunque más de 5.000 personas se concentraron allí como si la imagen estuviese presente.

Para el año siguiente, se encargó una nueva imagen al escultor linense Nacho Falguera. Esta vez las medidas eran de un metro y cien kilos. De nuevo bendecida, esta vez por el trinitario Manuel Cánovas, fue llevada a su cueva, de donde sigue saliendo cada 15 de agosto para pasearse por la playa atestada de gente.




jueves, 16 de agosto de 2012

martes, 14 de agosto de 2012

El mapa del cielo


¡Tenía unas ganas de leerlo! Porque me habían hablado muy bien de él. “Tiene que gustarte”, me decían, “Es alucinante”.


Bueno, pues por fin puedo hablar de él. Lo cierto es que no me ha decepcionado. Imaginaos una novela donde los marcianos invaden la tierra y…, no, mejor decir qué vais a encontraros con la historia de unos exploradores en el Polo Sur a principios del siglo XIX y…, no, tampoco, creo que sería mejor decir que leeréis acerca de una chica neoyorquina muy especial que pide un imposible al hombre que intenta casarse con ella… Esperad, esperad… Tal vez debería empezar diciendo que algunos de los protagonistas son Edgard Allan Poe y H. G. Wells. O tal vez podría explicar que en la novela se habla de la máquina del tiempo, de una luna habitada por unicornios y… Vale, mejor lo dejo. Solo puedo decir que tenéis que leerla porque en sus páginas vais a encontrar todo un mundo de fantasías donde todo puede ser posible.

Me han gustado los personajes, el argumento y el desarrollo de la historia, pero… (Y es un “pero” importante) en algunos momentos se me ha hecho pesada en las descripciones. Creo que la historia podía haberse contado en menos páginas y hubiese quedado igual de interesante. ¿O no?

sábado, 11 de agosto de 2012

Del calor y del Torcal.


Esta mañana, cuando salimos de Antequera rumbo a Málaga, los termómetros marcaban 45 grados. No sé si es real o no, el caso es que el aire caliente te invadía de tal manera que a mí no me hubiera extrañado que llegásemos a los 60 o más. La nochecita había sido de película, con el ventilador en la cara, funcionando a tope, ajeno a la factura de Endesa que cuando llegue se reirá de nosotros diciendo: “No podías dormir, ¿eh? Querías fresquito, ¿verdad? Pues mira que regalito te traigo.” Bueno, mejor no pensar en eso ahora.

Como decía, serían las diez de la mañana cuando abandonamos el horno incandescente del norte de Málaga para adentrarnos en la capital. ¡Sorpresa! Los termómetros señalaban 30 grados. ¡15 menos! Salimos a la calle y un aire respirable (cargado de humedad, todo hay que decirlo, pero totalmente soportable) hizo que estos humildes humanos dieran gracias al cielo por la existencia de la costa, bendita costa que desprende rocío en los parques y acaricia las calles con la brisa fresca del mar. Horas más tarde, en la playa de Torremolinos, pude sentir hasta la carne de gallina cuando un vientecillo caprichoso decidió acompañarnos y mecernos para adormecernos, seguramente compadeciéndonos por esas horas de insomnio de la noche anterior. ¡15 grados de diferencia!

 Los mismos grados de diferencia que sentimos la noche del viernes, cuando mi San Lorenzo particular y yo decidimos subir al Torcal a ver la lluvia de estrellas. No voy a hablar de ese maravilloso paraje natural que tenemos aquí. Cualquiera puede buscarlo en internet y encontrar cientos de enlaces que explicaran mejor que yo, con fotografías incluidas, todo lo que ese enclave antequerano puede revelar si lo visitas. Lo cierto es que de noche es mucho más hermoso a mis ojos pues las estrellas se ven de una manera tan especial que merece la pena tumbarse en una de sus múltiples rocas, relajarse con los ruidos silenciosos de la naturaleza y mirar hacia un cielo que se te antoja tan vivo como todo lo que te rodea. Si encima vas huyendo de un calor sofocante, seguro que quieres quedarte allí a dormir, como me pasó a mí. Una delicia de principio a fin.

Dejo algunas fotos que hice. No son muy buenas, perdonad mi ineptitud y la de mi cámara de fotos.

Las rocas durmiendo.


Vistas desde uno de los miradores. A lo lejos Málaga y el mar.


Las plantas que rodean las rocas.


En fin, esta noche Torremolinos y El Torcal me quedan lejos. De nuevo en Antequera, donde los grados suben y suben. Yo ya me canso de mirar el termómetro. Dios sabe las ganas tengo que se vaya el verano.


lunes, 6 de agosto de 2012

Tammy, la muchacha salvaje


Lo confieso: La he vuelto a ver.

Estaba pensando en ver una película para pasar el rato, sin otra pretensión que la de pasar una hora agradable. Tengo varias así en mi lista. Nadie las podría calificar de excelentes, ni obras maestras del cine. Tampoco tienen un guión que te haga reflexionar, ni interpretaciones que merezcan pasar a la historia, ni siquiera un significado que te enseñe algo especial. Si acaso unos actores conocidos y nada desdeñables y una canción bellísima (es curioso, casi todas estas películas la tienen), pero poco más. Es una película para hacerte soñar cuando eres joven, o para arrancarte una sonrisa cuando ya has pasado la edad del pavo.



A mí me gusta verla a menudo simplemente por el hecho de recrearme en algo sencillo y hermoso. Es un poco como leer un comic de Esther o una novela de Louise May Alcott, historias de cuentos de hadas que van a tener un final feliz.



El argumento es tan simple como esto: Un joven y rico piloto (un jovencito Leslie Nielsen, mucho antes de que asumiera papeles cómicos como los de “Aterriza como puedas” y sus cientos de secuelas) tiene un accidente y cae en un pantano, cerca de donde vive Tammy (Debbie Reynolds, solo por verla a ella merecería la pena echar un vistazo a la película), una chica inocente y pobre a la que ha criado su abuelo (Walter Brennan, el viejo más conocido de los westerns). Tammy y el anciano se ocupan de curarlo durante semanas hasta que Peter se repone y decide volver a su mansión, donde lo espera su familia y sobre todo una prometida acorde a su posición social. Pero meses más tarde, el abuelo tiene problemas y decide enviar a Tammy con el joven, donde la chica ocasionara más de un estropicio con su inexperiencia ante el lujo y esplendor de un decadente sur de los años cincuenta.









Tammy es inocente e inculta, no conoce gran cosa de estilismo y no sabe muy bien cómo comportarse en sociedad. Sin embargo, y como es lógico en este tipo de historias, a medida que la vemos entre personajes rancios llenos de convencionalismos, nos vamos dando cuenta de que es realmente ella quien sabe vivir y valorar a las personas, disfrutando de la vida y restando importancia a aquellas cosas que no hacen más que impedir la felicidad. Sí, lo sé, sé qué es demasiado previsible pero ya he dicho antes que es como una especie de cuento que no pretende más que hacerte sonreír durante 89 minutos. Y eso lo tienes garantizado.


Como curiosidad añadir que ganó el Oscar a la mejor canción en 1957 y que los decorados son preciosos y muy reales.   




domingo, 5 de agosto de 2012

¡Ya tengo un año más!


Pues sí. Y he tenido de esto:


Y esto otro:


Y esto:


También he tenido algunos libros (de los que ya iré hablando), collares y otras cosillas, mucha playa, risas a mogollón y lo mejor de todo:


Gracias a todos los que se han acordado de mí. Besos.

miércoles, 1 de agosto de 2012

María Vasallo


Cuando la conocí yo tenía cinco años. Era mi primer día de colegio y la alegría que había sentido aquella mañana al despertar, con la cartilla, la libreta a rayas y varios lápices nuevos metidos en la cartera, se esfumó nada más entrar en aquella aula llena de niñas desconocidas. Al irse mi madre y dejarme allí sentí que eso de ir al colegio no iba a ser tan hermoso como había estado imaginando. Para colmo, mi madre me había elegido un pupitre junto a la ventana y ahora una niña horrible con voz mandona me estaba empujando para ocuparlo ella. Intimidada, me alejé hasta otro asiento, sin querer mirar a nadie. La profesora llegó a poner orden poco después. Era una mujer alta y elegante de aspecto simpático que tenía una dulce voz. Comenzó a hablar desde la pizarra, mirándonos a todas, sonriendo mientras prometía adentrarnos en un mundo de lecturas maravillosas. Yo no la escuchaba demasiado, pensando aún en el agravio que acababa de sufrir. De repente comencé a entristecerme. Recordé aquellas tardes en que mi hermana Mª José me enseñaba a leer en casa y pensé que era todo lo que yo quería, que aquel colegio no iba a gustarme, que las niñas no iban a ser mis amigas y que aquel edificio de nombre tan bonito (Colegio Virgen del Mar) no iba a ser más que una cárcel para mí. Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas y la profesora vino a consolarme. No recuerdo que me dijo, pero si sé que cuando la tuve cerca la angustia que se había alojado en mi corazón se fue diluyendo hasta quedar en nada.

María Vasallo estuvo conmigo muchos años a partir de ese día. Tuve otros profesores, pero ella siempre estuvo ahí aunque no me diese clases. Fue ella quien descubrió mi afición a la lectura años más tarde y me animó a escribir. Yo tendría unos doce años cuando comenzó a aconsejarme que leyera esto o aquello. A veces no me creía cuando le comentaba que había leído a Ana Mª Matute o a  Camilo José Cela. Tenía que explicarle los detalles del libro en cuestión para estar segura y cuando al fin se daba cuenta de que además yo había disfrutado como una loca con esos clásicos que me recomendaba, mostraba una sonrisa orgullosa y enseguida me buscaba otros. El colegio no tenía una biblioteca demasiado extensa, pero ella se las apañaba para conseguirme aquellos libros que pensaba que yo debía leer, sospecho que algunos de su propiedad.

Recuerdo que se sintió algo decepcionada cuando le confesé que la poesía no era lo que más me gustaba, todo lo más Becquer y Antonio Machado, pero poco más. Me reprochaba que no disfrutara con García Lorca pero se reía cuando yo le confesaba que lo encontraba demasiado triste. Entonces me explicaba sus versos, uno a uno, hablándome además de la vida del poeta, de cómo había muerto y lo que significaba que su obra no quedara relegada en el olvido.

Poco más tarde fui enseñándole algunas cosas que yo escribía. Como lo que más me gustaba en el mundo era la novela, le hacía esbozos de lo que iba a ser mi gran obra maestra. Ella, con toda la paciencia del mundo, me decía que un escritor debe conocer cuánto escribe y que por eso yo debía estudiar y seguir leyendo si realmente quería llegar a crear algo algún día. Clásicos y clásicos, me aconsejaba sin cesar, enumerando todos los grandes escritores españoles y extranjeros que siempre tenía en mente.

Si de algo me dio pena cuando al fin terminé la EGB fue tener que despedirme de aquella mujer. Recuerdo que los alumnos de la  clase estuvimos recogiendo firmas de todo el profesorado y que ella escribió en mi papel: “Para Merche, esperando que se convierta en una gran escritora.” He perdido en algunas de mis muchas mudanzas aquella hoja llena de buenos deseos y lo siento mucho pues es una de esas cosas que me hubiera gustado conservar toda la vida.

Hace algunos años encontré a María Vasallo cerca del Parque María Cristina de Algeciras. Tenía la misma elegancia de antaño. Me acerqué a ella dispuesta a hacerle recordar quién era yo pero no hizo falta. Se acordaba de mí, de mi nombre, e incluso llegó a preguntarme si seguía escribiendo. Fue uno de los mejores momentos de mi vida, ver que esa mujer que tanto influyó en mí me tomaba la mano con cariño mientras recordábamos unos tiempos que yo había vivido intensamente. Nunca podré agradecerle bastante todo lo que me enseñó con su dedicación y paciencia.

He estado buscando una foto suya para ponerla aquí pero no la encuentro. Espero que siga paseando por Algeciras, sentándose en la terraza de la Cafetería Okay mientras va saludando a sus antiguos alumnos, esos adultos ya de varias generaciones a los que ella trató con tanto amor.