viernes, 6 de julio de 2012

Veladilla Poetica


Ya casi están terminadas las clases del Taller de Literatura Creativa, a la cual pertenezco desde Marzo de este año. Lo cierto es que tengo la impresión de que llevo muchos más meses, seguramente porque a pesar de que solo tenemos clase los lunes por la tarde (eso sí, unas tardes de varias horas y cervecitas incluidas al final) las estoy viviendo de una manera muy intensa. Todo lo que he encontrado en el Taller, desde al ritmo de trabajo y la profesora hasta los compañeros, me han llenado mucho en este tiempo, tanto que siento que los voy a echar mucho de menos en estos meses de verano. Cristina, la profesora, va a mandarme deberes para seguir aprendiendo durante este lapsus estival pero aún así, estaré deseando que llegue el otoño y pueda volver a reencontrarme con todos. Sin duda es una de las mejores cosas que he emprendido a lo largo de mi vida; primero por lo mucho que estoy aprendiendo de esta afición que me acompaña desde niña (hubiese querido conocer a Cristina hace mucho tiempo, algo difícil teniendo en cuenta lo joven que es), y segundo porque también me estoy animando a mostrar lo que escribo, algo que al comienzo de esta aventura me parecía un impensable (y esto siempre tendré que agradecérselo a mis compañeros, los cuales me animan un montón).


Dicho esto, contar que este lunes pasado organizamos unas Veladillas Poéticas como homenaje al poeta malagueño Emilio Prados, del cual se cumplían 50 años de su muerte. Cada uno de nosotros tuvo que recitar una poesía del autor y luego leer un micro-relato de nuestra invención, algo que ideásemos acerca del poema que nos tocaba en suerte. El acto fue en la Sala Antequerana de la Biblioteca Municipal San Zoilo, un marco incomparable, bonito donde los haya. Y al final todo resultó genial. Mis compañeros, como siempre, sorprendieron a todos los asistentes con unos relatos maravillosos y el ambiente no pudo ser más literario y perfecto. Creo que Emilio Prados no tendría queja alguna.

Por mi parte, leí algo nerviosilla un poema titulado “¿Vivo del mar?”, que Cristina eligió para mi consciente de lo mucho que significa en mi vida ese mar que aparece en la mayoría de mis relatos. Y por supuesto esto quedó bien reflejado en el micro-relato que leí después. No voy a poner aquí la poesía, preciosa, porque es demasiado larga y el que esté interesado en conocerla solo tiene que buscar en Google para deleitarse con ella, pero si lo que escribí para algunos amigos que me lo han pedido. Curiosamente, entre los oyentes, había una chica de Algeciras que vive aquí, y al finalizar el acto me dijo que había podido “sentir” la playa del Rinconcillo mientras yo lo leía. Me emocionó, la verdad, pues es más o menos en la playa en que pensaba mientras lo estaba escribiendo.

Yo, al igual que tú, echo de menos un mar, un mar en particular que acompañó mi vida, mis ilusiones, esperanzas y sueños… Yo, al igual que tú, me acostumbré a ver el resplandor dorado sobre un agua tranquila, a distinguir los miles de peces que saltan jugando con las olas y a diferenciar el olor de los vientos que arrastran las mareas y dejan surcos de estelas entre las nubes. Yo, al igual que tú, paseé miles de veces por arenas colmadas de conchas y guijarros que marcaron mi huella existencial  y acompañaron mis pensamientos más recónditos. Yo, al igual que tú, aprendí a entender las miserias y desamparos en aquella profundidad marítima que me devolvía el aliento y la confianza. Yo, al igual que tú, me despedí de ese mar un buen día en busca de otros puertos más seguros que llenaran mi alma. Pero ni tú ni yo conseguimos encontrar el paraíso perdido que dejamos rubricado entre la marejada. Yo, al igual que tú, Emilio, vivo echando de menos ese mar que ya solo vive instalado en mis recuerdos.”


Termino dando las gracias a Cristina y a mis "compis" de clase y decirles que espero verlos de nuevo en el siguiente curso para poder seguir aprendiendo de todos.

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